
Ubicación: Zárraga 3454, Belgrano R, CABA
Proyecto y Dirección de Obra: Arq. Leandro Cyderboim
Jefe de Proyecto: Arq. Andrés Baez
Empresa Constructora: Gasba Construcciones S.A.
Superficie: 1.430 m⊃2;
Año de Proyecto: 2020
Finalización: 2023
Zárraga nace a partir de una premisa que atraviesa nuestra manera de proyectar: cada proyecto debe ser una respuesta particular al lugar donde se implanta. Antes de definir una tipología o una imagen arquitectónica, buscamos comprender las condiciones específicas del terreno, su orientación, normativa, entorno urbano, visuales y las necesidades de quienes van a habitarlo.
El terreno, de 8,66 metros de frente y aproximadamente 40 metros de profundidad, se encuentra en Belgrano R, en un entorno residencial caracterizado por sus calles arboladas y una fuerte presencia del verde. Hacia el interior, un amplio pulmón de manzana con vegetación consolidada genera visuales abiertas, privacidad y una calidad ambiental poco habitual dentro de la ciudad, convirtiéndose desde el comienzo en uno de los principales valores a potenciar desde el proyecto.
A partir del análisis del terreno, la normativa y el mercado, detectamos la oportunidad de desarrollar una tipología con poca oferta en la zona: departamentos de cuatro ambientes con verdadera amplitud, grandes espacios exteriores y una calidad espacial más cercana a la de una casa que a la de un departamento tradicional.
En lugar de fragmentar la superficie disponible en una mayor cantidad de unidades, decidimos proyectar solamente ocho viviendas, priorizando la amplitud, la privacidad y la calidad de cada una de ellas.
De esta decisión surge la idea que sintetiza el proyecto: vivir en un edificio con las comodidades y la espacialidad de una casa.
Las plantas fueron concebidas buscando amplitud real, funcionalidad, privacidad y luz natural. Los livings alcanzan más de 5,30 metros de ancho y se abren completamente hacia grandes expansiones mediante carpinterías corredizas de aluminio con DVH, desdibujando el límite entre interior y exterior.
Los balcones dejan así de entenderse como simples expansiones para transformarse en verdaderos balcones-patio, con profundidades de hasta 2,60 metros, capaces de incorporar vegetación, mesas, livings exteriores y parrillas individuales.
En las unidades del último nivel esta idea alcanza su máxima expresión: terrazas privadas con piscina, solárium, parrilla y sectores verdes trasladan al edificio experiencias habitualmente asociadas a una vivienda individual.
Las condiciones reglamentarias fueron determinantes en la definición de la arquitectura. El retiro obligatorio del cuarto piso y las restricciones sobre los balcones fueron interpretados no como limitaciones, sino como datos capaces de construir el partido arquitectónico.
A estas condiciones se sumó la orientación noroeste del frente, buscando aprovechar las mejores orientaciones del norte y controlar simultáneamente la incidencia del sol oeste.
De esta combinación surge la gran cáscara de hormigón visto que recorre y envuelve la fachada. Su geometría toma los máximos voladizos permitidos por normativa y construye una diagonal que acompaña el desarrollo del edificio, protegiendo y ordenando las distintas expansiones.
En uno de sus laterales, la cáscara se despega deliberadamente del volumen principal. Ese espacio permite incorporar las parrillas individuales de las viviendas y, al llegar a planta baja, se transforma en un sector verde integrado al acceso. Una misma operación arquitectónica resuelve así cuestiones normativas, funcionales, ambientales y compositivas.
La envolvente continúa hacia el interior del edificio y acompaña el recorrido del hall. Hormigón visto, vegetación, madera y transparencias construyen una secuencia espacial que comienza en la calle y continúa hasta el acceso a las viviendas.
Frente a la contundencia del hormigón, balcones de diferentes profundidades, cielorrasos revestidos en madera, barandas de vidrio y grandes superficies vidriadas aportan liviandad y profundidad al conjunto.
La escala de solamente ocho viviendas permitió trabajar especialmente sobre la privacidad, con ascensores de control individual y palieres privados o semiprivados.
Con la misma lógica se decidió no incorporar amenities tradicionales. En un edificio de pocas unidades, se priorizó trasladar esas prestaciones directamente a cada vivienda mediante grandes expansiones, parrillas individuales y terrazas privadas en las unidades superiores.
La calidad del edificio debía estar principalmente donde sucede la vida cotidiana.
Hormigón visto, madera, vidrio, revoques texturados y mármoles conforman una paleta de materiales nobles y atemporales. La estructura de hormigón armado fue concebida procurando reducir interferencias dentro de los ambientes, mientras que carpinterías de alta prestación con DVH, pisos de madera y el cuidado de cada detalle constructivo completan una arquitectura pensada desde su uso y permanencia en el tiempo.
Zárraga parte de una idea sencilla: trasladar al edificio colectivo algunas de las mejores cualidades de una casa.
Pero esa idea no fue establecida previamente. Surgió de interpretar un terreno, su normativa, sus orientaciones, su entorno y una necesidad concreta.
El edificio es el resultado de transformar cada una de esas condiciones en decisiones de arquitectura: aprovechar el pulmón verde, orientar las visuales, controlar el asoleamiento, convertir las restricciones normativas en geometría, ampliar los espacios interiores y transformar los balcones en lugares para habitar.
Esa búsqueda sintetiza nuestra manera de entender la arquitectura: no partir de una forma para luego adaptarla a un terreno, sino encontrar, en las condiciones particulares de cada lugar, las razones que permitan construir el proyecto.